El destino de México después de las elecciones


Diálogo

Por David Figueroa O.

El destino de México después de las elecciones

 

Los ciudadanos acudiremos a las urnas, este primero de julio, para elegir presidente de la República –además de senadores y diputados, en el ámbito federal- en un ambiente incierto, con una gran parte de indecisos –el 38 por ciento del electorado-, porque no hay la certeza del rumbo que tomará el país después de las elecciones.

Este ha sido el proceso electoral más caro en la historia de México – con más de 12 mil 752 millones de pesos utilizados en las campañas y prerrogativas a partidos en el ámbito federal y en las elecciones locales de los estados y municipios, y 25 mil millones de presupuesto del INE, para un total de 37 mil millones- como lo comenté en la emisión anterior.

 

También resulta el más extraño, el más confuso, tanto que existe ese alto segmento de la población, en edad de votar, que no está convencido de las diferentes opciones, sobre todo para la máxima magistratura del País que es el cargo a Presidente.

Pero sobre todo el más violento, con 120 asesinatos de personas (102 hombres y 18 mujeres) relacionadas con el proceso electoral, 28 eran precandidatos y 15 más candidatos a puestos de elección, el resto alcaldes, regidores, militantes, dirigentes, diputados, síndicos o que habían ocupado alguno de estos cargos. Además 44 familiares de funcionarios públicos o contendientes electorales han perdido la vida.

Estas campañas han sido las más atípicas, con una descomposición en el sistema de partidos, donde ha quedado demostrado que la búsqueda del poder ha quedado por encima de la ideología de partidos; tanto ha sido el deterioro que algunos institutos políticos tendrán que refundarse después de las elecciones.

Nunca como ahora se dio la pérdida de las ideologías al ver alianzas tan extrañas, antinatural, de la derecha con la izquierda como el llamado Por México al Frente en el que se unieron el PAN y  PRD, al que se sumó Movimiento Ciudadano.

También en la Coalición “Juntos Haremos Historia”, integrada por los partidos Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y del Trabajo (PT), con una ideología más liberal, se les unió un partido con un origen ultraconservador como el de Encuentro Social (PES) que está en contra de prácticas como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Una alianza del PRI-Panal y PVEM que no ha repuntado en las encuestas y en la que se tenían otras expectativas al nominar a un candidato ciudadano no afiliado a estos partidos –sobre todo al tricolor-, pero que no levantó en las preferencias.

Por primera vez se dio la participación de la figura de los candidatos independientes, pero con un exceso de requisitos exigidos por el Instituto Nacional Electoral (INE) para otorgarles el registro, en una competencia desigual, con un bajísimo presupuesto comparado con el derroche de recursos de los partidos.

Ante eso deberán hacerse reformas para que en los próximos procesos haya una contienda más equitativa para los candidatos independientes y los electores, que no comulgan con partidos, puedan contar con un abanico más abierto de opciones y al identificarse con alguno de los candidatos tengan una vía de expresión democrática y se reduzca el porcentaje de indecisos. 

Los candidatos a la Presidencia de la República llegan a las elecciones del 1 de julio desgastados con tanto golpeteo en las llamadas “campañas negras”, intercambio de acusaciones en un proceso en el que se privilegiaron los ataques hacia las personas por encima de las propuestas.

Recordemos que ha sido el proceso electoral más largo y agotador, con unas precampañas que duraron 60 días –iniciaron desde el 14 de diciembre-, un periodo de intercampaña de 40 días –que son en los hechos tiempos de campaña disfrazados- que sumaron 100 días al 30 de marzo, fecha en la que todavía iniciaron oficialmente las campañas presidenciales de casi tres meses más.

Aunado al cansancio que ha provocado en la población la saturación de propaganda en los medios electrónicos, radio y televisión principalmente, los ataques entre los candidatos ha creado un hartazgo y el posible incremento del abstencionismo electoral.

Pero como mexicanos debemos acudir a las urnas porque es una obligación de ciudadanos votar y decidir sobre el destino del País.

El candidato que resulte electo Presidente tendrá que llamar a la reconciliación nacional para que todos podamos trabajar como país para la solución de los problemas más apremiantes y el impulso al desarrollo nacional.

Porque tenemos que enfrentar los desafíos que hoy tenemos en lo interno (pobreza, desigualdad, impunidad, corrupción, inseguridad, falta de empleo, etcétera), pero también en lo externo con un vecino como Donald Trump que pretende cancelar los beneficios del Tratado de Libre Comercio hacia México y con una política de trato indigna hacia los migrantes y que daña a los niños.

A partir del 2 de julio, una vez pasadas las elecciones, las cosas seguirán igual para los mexicanos y dependerá de la visión de largo alcance del presidente electo para que México tenga certidumbre en el futuro.

 

 

Agradezco sus comentarios y retroalimentación a través del correo electrónico davidfigueroao@me.com; y en redes sociales: Twitter @DavidFigueroaO /Fb David Figueroa O.

 

Reseña: David Figueroa Ortega es empresario, Ex Cónsul de México en Los Ángeles y San José California;      Ex Diputado Federal; Ex Alcalde de Agua Prieta; Ex Dirigente del PAN en Sonora.

 

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